Bogotá tiene un tráfico angustiante
El tráfico de Bogotá es insoportable. La cantidad de trancones se ha extendido a todas las vías. Las velocidades de movilización de los vehículos particulares, que superan el millón de unidades, se han reducido drásticamente. El tiempo de permanencia de las personas dentro de los carros sigue en aumento. Y la cantidad de automotores que entran en circulación cada año se mantiene cercana a las 100.000 unidades.
Para solucionar en parte el problema, se adoptó la estrategia de Pico y Placa, que sacó de circulación inicialmente el 40% de los carros durante todo el día, para luego restringir el 50% en horas de alto tráfico y liberar el tránsito en las horas valle. Esta medida, que tiene una buena intención, generó como reacción una mayor demanda de automotores por parte de las familias, lo que ha hecho que su número al interior de la ciudad se haya duplicado en menos de ocho años.
La pregunta es ¿qué otras cosas se pueden hacer para enfrentar el gran problema del tráfico automotor en Bogotá? Y la respuesta es que hay muchas opciones, pero todas tienen un costo político alto para el gobierno distrital.
Entre las propuestas surge la restricción de ingreso de los carros particulares a todo el centro de la ciudad si estos no tienen un número mínimo de pasajeros, medida que ya se ha tomado en otras grandes capitales del mundo, con resultados muy positivos, pues esto obliga a que la gente comparta el vehículo o tome transporte público.
Otra propuesta es que el valor de los parqueaderos privados se incremente sustancialmente, y que estos deban pagar una mayor contribución al Distrito, lo cual se constituye en una herramienta que desestimula el uso del vehículo particular. A esto se debe agregar que las empresas privadas y públicas disminuyan el número de parqueaderos para sus empleados, siempre y cuando estén cerca a sistemas integrados de transporte.
La instalación de peajes urbanos para poder acceder a vías descongestionadas y que garantizan mayor velocidad es una opción que se podría tomar, en la medida en que mejore la interconexión de esos carreteables.
La construcción de grandes parqueaderos en inmediaciones de los portales del sistema masivo de transporte, facilitaría que la gente pudiera dejar allí su vehículo, por una tarifa muy baja, y tomar los articulados, con lo cual se no se adentrarían a las calles y avenidas para llegar al trabajo o al estudio.
Otra determinación sería no permitir la construcción de centros comerciales ni unidades habitacionales, si ellos no están en la zona de influencia del plan de trasporte público. Porque el caos vehicular que hay en Bogotá se debe en gran medida a que los constructores levantan sus moles donde quieren y luego la Alcaldía tiene que salir a buscar soluciones para el transporte de la gente que quiere llegar a una gran superficie o a su casa de habitación.
Las opciones tendrían que ver también con quitarle todos los subsidios a la gasolina, como un forma de desincentivar el uso exagerado de los carros particulares, una medida que sólo puede tomar el gobierno nacional, la que debería estar complementada con la obligación de chatarrizar todos aquellos automotores con más de veinte años de antigüedad.
El Distrito y los operadores de Transmilenio tendrían que ofertar un mejor servicio, repensar las rutas, ampliar los portales, asegurar un transporte interconectado y poner a disposición más alimentadores. Y de ser necesario, ampliar todo el sistema a dos carriles para facilitar los sobrepasos, con lo cual sería posible poner en circulación más buses para evitar las congestiones y apretujamientos y aumentar las velocidades de circulación. También se podría pensar en que los compradores de carros paguen un porcentaje adicional para un fondo de reposición, que se le devolvería en el momento en que el carro sale de circulación.
AVANCE SOBRE EL PROBLEMA
a capital de Colombia ha mostrado algunos avances para tratar de encontrar las mejores soluciones a los problemas de la congestión vehicular. Uno tiene que ver con la integración del transporte, que atraviesa serios problemas de operación y de acogida, esencialmente por falta de información precisa a los usuarios. Transmilenio ha aumentado rutas y adecuado portales, pero no logra integrar a la mayor parte de la ciudad y debido a las presiones de la demanda, es un servicio que es cuestionado por su mala calidad. Se ha tratado de acelerar el programa de chatarrización de buses, busetas y busetones, pero no ha sido posible, por los esguinces que le hacen los propietarios a la norma y la incapacidad de las autoridades para tomar acciones contundentes. Las ciclorrutas tiene una extensión de casi 300 kilómetros y se han logrado consolidar importantes sectores para su uso, pero la falta de civismo de muchos conductores han convertido estas líneas en altamente peligrosas para los ciclistas. Se han construido alamedas para el tránsito peatonal, las cuales son insuficientes y sólo se pueden utilizar en ciertas horas, debido a que en la noche, por ejemplo, son muy inseguras. Se están promoviendo taxis eléctricos, gracias a lo cual a Bogotá le entregaron un premio internacional por parte de Cities Climate Leadership Group y Siemens, pero esperar que haya una reconversión de los equipos hacia esta tecnología tardará varias décadas.
Lo interesante de este reto es tratar de impulsar la planeación y el ordenamiento territorial para crear espacios más densificados, donde haya la posibilidad de hacer viajes a pie o en bicicleta y no se requiera el automóvil al reducirse la distancia del hogar con el trabajo, los centros de diversión y las moles comerciales. Sumarle a ese esfuerzo la construcción de espacios para privilegiar la movilización limpia. Darle más importancia a la infraestructura para el transporte público y no centrarse únicamente en ofertar más vías para los carros particulares. Acelerar la iniciación de proyectos relacionados con carreteras perimetrales, para mejorar el tránsito de vehículos pesados. Aplicar instrumentos económicos que desemboquen en un uso menos intensivo de los automóviles y reduzcan la compra de los mismos. Brindarle incentivo a quienes usen carros movidos por combustibles limpios, por ejemplo, en los impuestos de rodamiento. Eliminar el pico y placa, que resultó siendo una medida con efectos desastrosos para la movilidad de Bogotá, pues en realidad el número de vehículos que salen de circulación no se ha reducido, ya que los hogares prefirieron comprar más carros o motocicletas para hacerle frente a la medida restrictiva.
Todas estas acciones de promoción del desarrollo, complementadas con medias restrictivas son necesarias para darle un viraje a la ciudad, apelando al sentido cívico de la gente, que deberá entender que tener un vehículo conlleva responsabilidades económicas, tributarias y legales, y que hacer un uso inadecuado de él afectaría su calidad de vida, su tranquilidad, su movilidad y su derecho al descanso.
http://www.olapolitica.com/content/bogot%C3%A1-tiene-un-tr%C3%A1fico-angustiante
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